Como cada mañana cruzo el parque para llegar al colegio. El frío me hace caminar un poco más deprisa mientras voy pisando la hojas secas que han caído esta noche cubriéndolo todo de un manto amarillento y crujiente.

Hoy estoy más relajada y, al mismo tiempo, un poco nerviosa porque es el último día de clase antes de las vacaciones de Navidad. Los niños disfrutarán cantando villancicos en el sencillo festival que, con tanto esfuerzo y dedicación, hemos preparado. Con un fondo de voces infantiles, momento ligado a mi existencia desde hace ya muchos años, las vivencias de este último año que casi llega a su fin asaltan mi memoria.

A pesar de que debería recordar aquellos sucesos que todos consideran importantes como la elección del primer presidente negro en Estados Unidos, este acontecimiento no tiene parangón con la llegada de mi pequeña y deseada sobrina, por cierto, también negra,

No puedo olvidar a todas las mujeres maltratadas, a todos los niños que han sufrido abusos. Pero el día a día de mis alumnos, sus problemas familiares y escolares, ocupan mis preocupaciones.

Mientras en todos los medios no se oye hablar de crisis, de empresas que se hunden, de coches sin vender, de la construcción que ha frenado su avance, de las pérdidas de aquellos que más tienen…mis pensamientos vuelan hacia los que tengo a mi lado luchando por un empleo, por una casa digna, por los inmigrantes que se matan a trabajar para que sus hijos sean felices y vivan mejor.

Violencia y más violencia. Guerras y terrorismo. La lucha de todos por erradicarlo, los avances y los fracasos. Las pateras, los terribles accidentes, los avances científicos, la liberación de los que han sufrido durante tantos años por sus ideas. El vandalismo gratuito. No son suficientes para apartar mi pensamiento de la enfermedad tan cercana a mí, de mis alumnos ya fallecidos, de mi personal batalla contra la violencia a mi alrededor.

Han terminado los villancicos y los gritos de los pequeños me hacen volver a la realidad. Me rodean con sus risas, tiran de mí…y vuelvo a la realidad con la promesa de que, el año próximo, volveré a recordar.



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