Alargó el brazo. Se puso de puntillas mientras sacaba la punta de la lengua a causa del esfuerzo que estaba realizando.
Se había empeñado en llegar hasta lo más alto. Ser el que terminara el trabajo que habían comenzado entre todos.
Siempre se reían de él y esta vez no estaba dispuesto a consentirlo.
Ya sabía que era el más pequeño, el que había crecido menos de la clase. Pero no por eso era el más torpe, ni el menos inteligente, ni el menos decidido.
El resto de los niños se quedaron paralizados,. Nunca pensaron que su compañero, aquel del que, según ellos cariñosamente, tanto se burlaban, sacaría tanta energía de un cuerpo tan pequeño.
Siempre aprovechaban el más mínimo de los motivos para recordarle que le faltaban dos palmos, por lo menos, para ser como ellos. Grandes, fuertes, poderosos, expertos regateadores, tremendos futbolistas, revoleras, gamberrillos del tres al cuarto y siempre dispuestos a reírse de los demás.
Diego era distinto. Ya nació pequeño. De bajo peso. De estatura normal. Claro que sus padres tampoco eran muy altos. Inteligente, divertido, amable, generoso, simpático. Un poco tímido. Vehemente y justiciero. Nunca le había gustado el fútbol, los amigotes ni perseguir a los demás. Cabezota, no solía dejarse ayudar. Soportaba sin un mal gesto las continuas mofas de que era objeto. No le importaba. Su mente trajinaba permanentemente en busca de nuevos artilugios que inventar. Era solitario pero disfrutaba con los verdaderos amigos con quien poder maquinar, con quien poder charlar de forma apacible.
Pero aquel día, cercano a la Navidad, no estaba dispuesto a dejarse apabullar. Se había ofrecido voluntario para lo más difícil, la tarea más complicada. Al menos para él. Y no se iba a rendir tan fácilmente.
La expectación era máxima. El silencio se podía escuchar. Los colores brillantes de los adornos se habían apagado de repente. Más de veinte pares de ojos se abrían desmesuradamente aguardando, a la espera de los acontecimientos, sus miradas concentradas en Diego.
El pequeño cogió carrerilla. Salió corriendo de forma sorprendente. Se diría que en sus pies hubieran crecido alas. Saltó en el trampolín que había colocado delante y, como si de un pequeño ángel se tratara, consiguió rematar el precioso árbol de Navidad con la estrella que, él mismo, había coloreado y recortado. Un grito de sorpresa y alegría surgió espontáneamente de las gargantas de todos los que habían sido testigos de la hazaña.
La estrella brilló iluminando la
clase, deslumbrando a todos los que la contemplaban.
Y, en su pequeña cuna, un Niño que pronto nacerá, sonríe porque uno de sus pequeños ha sido capaz de superar un obstáculo, un impedimento. Él sólo le había echado una manita. Bueno, mejor dicho, unas alitas, las alas de su ángel que, siempre y a cualquier hora, velará por él.
Pues no me he emocionado como un tonta, bueno no, tonta no porque tu escrito se merece mi emoción y mi lagrimita.
Lo mejor de todo la superación, ser el mejor sin que los demás se enteren, porque Diego era el más fuerte, el más capaz, porque sabiendo sus limitaciones no se dejó vencer nunca.
Te prometo que cuando me ponga "tontona" y me de el bajón, recordare tu historia y al valiente de Diego.
Besos a miles
Desde luego queda claro que lo mas importante en la vida es el afan de superación y que todo en esta vida es posible si te lo propones. Que gustazo da ver como los niños superan todas esas barreras que nosotros,los adultos, enla mayoria de ocasiones no somos capaces de superarlas. Voy a colgar en mi pagina (o por lo menos lo intentaré jejeje) colgar un video que demuestra una vez mas como los niños son capaces de todo!!! Un beso
Que buenoooooooooooooo¡¡¡ lo que escribystes besos¡¡¡¡
besos linda nos vemos¡¡¡