El domingo 28 se ha celebrado en Madrid el día de la Familia con una Misa en la Plaza de Colón presidida por Monseñor Rouco Varela en la que ha manifestado la oposición rotunda de la Iglesia contra el aborto y la defensa de la familia tradicional.

He leído la noticia en un periódico nacional: "El ´País" y no he sido capaz de pasar por alto el tema y, así, he dado en el diario mi humilde opinión después de haber leído cerca de 300 comentarios, indudablemente la mayor parte en contra de la Iglesia católica, a veces llegando hasta el insulto y la injuria.

Es impresionante, no cabe duda, el despliegue de comentarios que ha suscitado el tema de la Iglesia.

Porque aquí ya no se hablaba sólamente de lo que ha dicho Rouco en la Misa de esta mañana, sino de lo que ha hecho, dicho o relaizado la Iglesia católica durante toda su existencia.

Y no entiendo muy bien por qué, según muchos internautas,  todos los que nos declaramos católicos tengamos que ser de derechas, vayamos en contra del progreso o pertenezcamos, o nos hubiera gustado pertenecer, a regimenes totalitarios como el franquismo. Puedo asegurar que no es así.

Hoy, o mejor dicho ayer, se celebraba el día de la Sagrada Familia. Y por esto se ha celebrado el encuentro de familias cristianas. Y han escuchado los participantes a Rouco hablar de las directrices cristianans. Que sólo van dirigidas a quien guste de escucharlas. No se imponen, no son de obligado cumplimiento para los que no quieren nada con la Iglesia. Jesús también impartía discursos que muchos detestaban, que hacían daño por impopulares.

Y que conste que esto no significa que yo esté de acuerdo con todo lo que escucho y veo  hacer, dñia a día, a las instituciones religiosas.

Pero para eso está la libertad del individuo. Nadie nos obliga a compartirlo. Pero si somos demócratas debemos respetar a la Iglesia como respetamos a los gobernantes, a los políticos y a todo aquel que alza su voz.

Y hagámoslo sin rencores, sin odios, sin nsultos. Con generosidad, educación y con la confianza en nuestra propia libertad.

No concibo la poca tolerancia que exhiben muchos d elos que se denominan demócratas, progres, liberales.

No me alcanza la necesidad absoluta que nos apremia para ser absolutamente progresistas.

Los que tenemos nuestra mirada clavada, o al menos lo intentamos, en el centro de lo que nos rodea, estamos mal mirados, poco respetados.

Ojalá la Iglesia se modernice en su visión de la vida, en muchos aspectos que considero necesarios. Pero tampoco puede variar su esencia. La justicia, el dereho a vivir, la ayuda al más necesitado, la comprensión, la lucha por los que sufren...¿Tampoco esto lo vamos a respetar?