He esperado hasta hoy para hacer un resumen de lo acontecido el día de ayer. Porque mis emociones eran tan intensas y mi mente estaba tan alterada, tan llena de buenos momentos que tenía que digerir esta coctelera de sentimientos antes de ponerme a escribir.

Me levanté con el corazón latiéndome a gran velocidad. La noche pasó inquieta, alterada, como cuando tienes ante ti un acontecimiento muy especial, como me levanto todos los primero días de cole, como cuando tienes un  examen decisivo en el que te juegas mucho.

Me retrasé en llegar deliberadamente. No tenía muy claro si acudir al partido o, simplemente, llegar a la hora de comer. Porque no sabía si esos momentos los queríais dedicar sólo a vosotros, a reencontraros, a charlar de vuestra niñez y juventud, de vuestras anécdotas...así que decidí ir un poquito más tarde y daros tiempo.

Cuando llegué al cole, no me hizo falta buscaros. A lo lejos divisé a Ricardo. Imposible no saber que era él con su silla y sus muletas...¡Qué recibimiento! De verdad que me sorprendió muy gratamente vuestra acogida. Vidal, mi queridísimo Vidal, me alzó en volandas. Parecía no haber pasado el tiempo, no queríamos separarnos. Todos y cada uno de vosotros, chicos grandes, mis chicos, me envolvisteis en un estado de bienestar y ternura con vuestros besos y esos tan estrechos abrazos.

A partir de ese momento, todo fue sobre ruedas. El tiempo no había transcurrido entre nosotros. La idea del Padre Rivas fue fantástica. Esos momentos en el aula, con olor a vuestra niñez, mientras degustábamos unas cervecitas, fueron tan agradables...Tuvisteis la gran sorpresa de ver vuestra foto, de recordar momentos tan vuestros...Tuve la oportunidad de mostraros mi presente, de recordar nuestro pasado.

La comida no pudo ser mejor. Ricardo, te tocó. A alguien le tenía que tocar estar entre los profes...JA, ja, ja. Pero no te tratamos mal ¿Verdad? Las conversaciones transcurrieron sin darnos cuenta a lo largo de la tarde. Parecía que el tiempo se había detenido para nosotros. Es curioso. Cuando eráis pequeños, llegabais al cole y me contabais lo que os pasaba, vuestras alegrías, vuestras penas, si algo nuevo había pasado en casa, si mamá o papá habían dicho o hecho algo que os hubiera llamado la atención. Ayer me pareció que la confianza entre nosotros no se había disipado a pesar del tiempo transcurrido. Fuimos capaces de hablar de tantas cosas, de tantos momentos, de tantas vivencias...que se me hizo corto. Hubiera querido hablar mucho más con cada uno de vosotros, saber si sois felices, qué ha ocurrido en la vida de algunos  para que ahora os hayáis convertido en estos hombres tan importantes para mí.

Vuestro regalo fue perfecto. Me hicisteis vibrar con las flores, con la foto y, sobre todo, con vuestro cariño. Mi cara supongo que lo demostró. Me hacía gracia que, constantemente, me preguntarais si realmente me acordaba de todos. Y ya os aseguré y os demostré que no me había olvidado de ninguno, que seguíais estando presentes en mi vida. Porque sois una parte muy importante de mi existencia, de mi juventud. Vosotros me habéis ayudado a ser como soy ahora, a amar mi profesión como la amo, a seguir luchando por mis niños como lo hago.

"Esto es histórico" - decíais. Pues sí, así es. Nunca me había ocurrido y no se si me volverá a ocurrir. Ayer fue uno de los días más importantes de mi vida. Ayer me demostrasteis que, cuando se da sin esperar, se recibe multiplicado por mil. Ayer supe que mi granito de arena ha servido para que hoy seáis hombres de bien. Que el bien, la amistad, la gratitud, el cariño, la ternura...todo aquello que parece desterrado en este mundo, existe con mayúsculas cuando has dejado tu vida dando cariño a los demás.

Quiero seguir hablando con vosotros. Necesito saber más de vuestras vidas, seguir contando en ellas. Que esto no sea un punto y aparte sino un comienzo  de una amistad duradera.

Que sepáis que estoy aquí para todos, en cualquier momento, a cualquier hora. Sabéis cómo y donde encontrarme. Y no son sólo palabras. Es una realidad.

Huelo las flores que he colocado en la mesa de mi salón y me siento joven otra vez...

Jorge, Vidal, Ricardo, Iván, Ramiro, Edu (con su arena y todo...), Rodrigo, Rubén, Fernando, Javier, Miguel Ángel, Luis Yun, José Luis, Juanma...os quiero.

Hasta pronto y Gracias de corazón por hacerme sentir como lo habéis hecho.