Madre, profesora, enfermera, sicóloga, niñera, amiga, secretaria, burócrata, esposa...¿se puede pedir más?

En esta dura semana me he sentido todas estas cosas y alguna más...

Desaparecí el fin de semana con la intención de relajarme. Y casi lo conseguí.

Pero no me esperaba la semanita que me estaba aguardando...

Conseguir cuidar adecuadamente a mis padres, a mi madre con su terrible y dura enfermedad que nos hace la vida tan complicada, se ha convertido en una carrera contra reloj esta semana.

El martes conseguí que i tarde fuera gloriosa. El susto fue inenso, el momento muy duro cuando, en clase, a la hora ya de salir, una niña se me desploma con convulsiones que anunciaban un ataque epiléptico, su primer ataque. LLevo muchos años con niños y he tenido momentos complicados, Pero como este recuerdo pocos. Y, aunque reconozco que el Samur hace una labor importantísima, la unidad que atendió a mi niña no tuvo una actuación de aplauso. Comenzó pronosticando convulsiones febriles, continuó pidiéndome un termómetro para, más tarde y comprobando (ya se lo había dicho yo) que no tenía ni una décima de fiebre, tener que trasladar a la chiquilla de seis años al Hospital. Todo un numerito para recordar.

Cuando tus padres ya no son tus padres en los que confiabas ciegamente. Cuando tus hijos ya no son los niños que te encesitaban y que vivían pendiente de tius miradas. Cuando comienzas a comprobar que lo que te rodea ya no es la felicidad, el bienestar, la tranquila vida que habías conseguido construir...es fácil dejarse llevar por el pesmismo.

Niños que necesitan un abrazo porque se encuentran solos, compañeros con graves problemas familiares, enfermedades que hacen la vida muy complicada, trabajo y más trabajo...¡qué difícil es todo!

Pero me he propuesto dibujar una sonrisa azul en mi rostro. No voy a hundirme sólo porque la vida me va dando los reveses normales que todos hemos de sufrir. No me dejaré llevar por el pesimismo, por el cansancio.

Se que me rodean muchas manos amigas. He disfrutado del cariño de los que, un día, fueron mis niños, leo mensajes de carilo en este blog que me desbordan de alegría...

Con todas estas fuerzas seré capaz de seguir adelante. Con el cariño de mi chico, su ayuda, su comprensión. Sonreiré y aquí me tendréis durante todo el tiempo que me aguantéis.