Nació muy esperado y con fuerzas, con energía (ya me dejó sin aliento cuando aún estaba dentro).

Fue un niño simpático, alegre, poco enfermizo, bromista y...sí, sí, un tanto cabezota.

Creció entre algodones, deslumbrándonos con sus grandes progresos, sus dotes de observación, su importante memoria y su facilidad para aprender.

Ya enseguida nos hizo saber que quería ser diferente. Se negaba a vestir como los demás y muy chiquito daba la lata con ponerse un pendiente en la oreja. Incluso, en una ocasión, llegó de uno de los campamentos con uno de mentira para asustarnos.

Le asustaba a él lo desconocido, todo lo nuevo, lo que no dominaba. No quiso ir pronto al campamento de verano porque no sabía si iba a aguantar allí durante tantos días, enmadrado como estaba. Pero, una vez que se decidió, se tiró a la piscina y ya no paró. Hasta se atrevió a ir solo a Sepúlveda de donde volvió tan cambiado...y no sólo físicamente.

Tuvo que aguantar (y aún le ocurre) que se metan con él porque no es muy alto y porque fue gordito hasta los 13 o 14 años. Y no siempre llevó bien el estar en el mismo cole que su mami. Pero lo superó.

Amigo de la justicia, buen oyente, mejor amigo...nunca se dejó ayudar en sus problemas. Siempre quiere tener razón y cree saberlo todo. No es feliz del todo pero nunca lo dirá...al menos a mí. Cuando se enfada, se enfada...pero se le pasa pronto. Y, a veces, creo que le duelen más las cosas de lo que expresa y cuando le hieren aquellos que creyó sus amigos y le dejan a un lado , calla, sufre en su interior y no se enfrenta a ellos de manera abierta.

Amante de la música, disfruta cuando toca con su grupo, se transforma en los conciertos y cada vez que le escucho tocar su guitarra, me deja asombrada. Y eso que pienso que podría ser un genio si se lo propusiera...

Fue feliz con sus amigos anteriores en el grupo del que fue autor y que se deshizo de manera injusta. Aunque él también tuviera su culpa. Fue una época importante en nuestras vidas que, por desgracia, creo que terminó definitivamente aunque siempre me quedó la esperanza de verlos reunidos otra vez.

Ya no es un niño. Es un hombre (o casi). Pero es la alegría de mi casa. Siempre tiene una sonrisa, una broma o una palabra apropiada para suavizar un mal momento. Y eso que discutimos constantemente, nos tiramos los trastos a la cabeza (metafóricamente, claro) y, en un momento, nos volvemos a abrazar. Porque a los dos nos gusta discutir y no nos callamos ni bajo el agua. Me abraza cuando me ve triste, me consuela si me nota llorar, me ayuda incondicionalmente. Y se que siempre estará ahí cuando lo necesite.

Hoy, unos días después de su 20 cumpleaños, quiero dedicarte este espacio a ti, que llegaste al mundo muy querido, muy deseado, y que entiendas que sólo me enfado porque me gustaría que fueras el mejor de los mejores, el más feliz de los mortales. Porque quiero que seas un hombre maduro, responsable, buen amigo y maravillosa persona (que ya lo eres mucho). Que nunca te desvíes del buen camino y sepas elegir lo más adecuado. Porque necesito que sepas que si me enfado, si me preocupo es porque quisiera estar siempre orgullosa de ti, que nunca tengas tristezas, problemas...

Porque tienes que saber (y tú ya lo sabes) que TE QUIERO.